Al pie del árbol

Ramallo, Luz

Tengo 9. Ella, cuarenta y… Me pregunta si es cierto que existen; que tiene dudas. Para mí que existen -arriesgo-. Pero no está convencida. ¿Qué puedo hacer? Creer no es saber. Si la cuestión son los regalos, le digo, eso no sería posible. Claro, se apresura ¿cómo harían para hacer su trabajo en una noche? Consiento; tampoco se entendería que nos dieran un trato desigual con los juguetes. Ajá. Sin embargo, prosigo, no es para eso que los queremos ¿o sí? Medita. Y entonces, ¿para qué los querríamos? acusa. Y a Dios ¿para qué lo querrías? devuelvo. Pero ella contesta como un grande. Yo no he dicho que lo necesitara. ¿Tampoco la imaginación, abuela? Y puso sus zapatos 38 al lado de los míos.