El antifaz

Avogadro, Marisa

Sólo se veían lentejuelas violetas, con destellos azules y sus inmensos ojos profundos e inquietantes. Una delgada y suave mano apoyada en el costado de la cara, sosteniendo el antifaz que cubría su rostro.

Su cuerpo se movía levemente, con gracia, dejando un aroma a flores a su paso. Las miradas se posaron sobre ella. Casi sin notarlo, giró en dirección al norte, donde estaba la puerta de entrada. Sus ojos más grandes aún, al verlo entrar.

Ni una palabra se escuchó. El sólo siguió su camino, en dirección al fondo. El disfraz de marquesa, fue el único que llamó su atención.

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