Los reyes magos no eran los padres….

Manceda, Ana María

El olor al Río de La Plata invadía las sospechas, en el calor abrumador del amanecer escuché los ruidos «los camellos deben estar tomando el agua» me mentí. La sombra de mi padre atropelló el árbol de navidad. Todo lo vi. Al abrir el regalo mis ojos preadolescentes se humedecieron de agradecimiento, un maravilloso traje de baño me invitaba a la playa y a esconder en mil llaves la realidad. En la madurez de la vida aún guardo esa época de ilusiones. Gracias, la mente puede brillar.