Paseo de domingo por la tarde

Gaziano, Mirta

La gata siamesa avanzaba pegada a la pared con la correa tironeada por su dueña. Ambas mantenían un paso desparejo, la gata asustada, mirando espantada a su alrededor, para ella era extraño eso de alejarse sujetada a una tirante correa a varias cuadras de su territorio reconocido por sus marcas naturales.

La chica, llevaba a la gata como si fuese un perro, y ésta no respondía como tal y la obligaba a reacomodarse en el avance desparejo por la tirantez de la correa, pero seguía adelante.

Iba despreocupada casi totalmente de su mascota, y avanzaba como “Y A MI QUE ME IMPORTA” mirando la nada, cabeza erguida, adelantando el pecho, apurando el paso, sin ojos (por los anteojos negros) tirante hacia atrás los teñidos y amarillos cabellos apretados.

Entonces lo vio y supo de inmediato que lo amaría de por vida. Fue así que al verlo frente a ella alzó a la gata y se la puso en los brazos y le dijo…¡¡TOMA ES TUYA!!!

Había encontrado al primer amor de su vida.