Un relato increíble

Ribbert, Elsa

El cuadro inspiraba miedo. No sé si podré describirlo, porque todavía me cuesta creerlo. Fue la noche del cinco de enero. Me desperté por los gritos y me levanté. Cuando llegué al living no podía dar crédito a mis ojos. Al lado de los zapatos estaban mis padres, al frente había tres hombres disfrazados con coloridas túnicas y coronas en sus cabezas. Pero lo más asombroso fue que uno de ellos, el de barba blanca, les decía muy enojado: “¡Es increíble que no puedan hacer bien un trabajo tan sencillo! Sólo hay que leer las cartas, comprar los juguetes y ponerlos en los zapatos sin que nadie se dé cuenta”. Papá pedía disculpas y mamá prometía que sería mejor el año próximo. Sólo sé que, aunque nadie me crea, yo no estoy loco.