Caperucita Roja en 140 caracteres. Parte II

Varios

Bevilaqua, Gabriel

En la versión porno de Caperucita Roja, la abuela está mucho más buena que la pendeja.

Bevilaqua, Gabriel

El casting de Caperucitas lo ganó una actriz porno: era la única de las postulantes que aún conservaba algo de inocencia en su mirada.

Bevilaqua, Gabriel

– Menos mal que la abuela de Caperucita no eras vos nanita.

– ¿Por qué Carlitos?

– Porque el abuelo no hubiera dejado que dañaran al lobo: quiere más a los animales que a la gente, y vos también sos gente.

Bevilaqua, Gabriel

– Abue, ¿el lobo de Caperucita es malo?

– Sí, Carlitos.

– ¿Y papá es malo?

– Para nada; pero ¿por qué me preguntás eso?

– Es que la oí a mamá decirle que este finde, él sería su Lobo Feroz.

Biedma, Salvador

Su abuela era un lobo. Su abuela era un lobo que se había comido a la abuela.

Broggi, Felisa

– Hace mucho calor – le dijo la madre a la niña – Andá por la sombra. Obediente, Caperucita fue a la escuela con la Sombra, su capa nueva. La aplazaron porque cambió la preposición.

Bruhl, Kalton

Cómo cambian los tiempos: antes caperucita roja andaba de clandestina en los bosques. Ahora es candidata a la presidencia de la Nación.

Bruhl, Kalton

“Mamá, mamá”, suplicaron los lobeznos, “vuélvenos a contar la historia de cómo la Caperucita Roja se llevó al abuelo.”

Borobio, Matias

Canasta tirada. – ¿Dónde estás hija? Abuela, ¿qué pasó? ¿Dónde está Caperucita? – Debajo de la cama. – ¿Qué haces ahí? ¿Hija? ¿Abuela? ¡ABUELAAAA!

Cabrera, Rubén Faustino
Diván: -¿Podrá curarme, doctor? Yo sólo quería comerla. ¡Y empezó a criticarme la nariz, las orejas, la boca! ¿Qué soy, doctor? ¿Un monstruo?

Cabrera, Rubén Faustino

Especie en extinción: -¡Te mataré, maldito! -¡Alto, leñador! Somos de Animal World. ¡Irás preso si matas al último ejemplar de lobo parlante!

Cabrera, Rubén Faustino

Tamaño -Decime, lobo… ¿tenés todo tan grande como las orejas, la nariz y la boca? ¿Sí? Correte, dale, haceme un lugarcito en la cama.

Cabrera, Rubén Faustino

Hedonista: -¿Te comiste a mi abuela y ahora pretendés comerme a mí? -Comerte, lo que se dice comerte, no. ¡Yo estaba hablando en sentido figurado!

Cabrera, Rubén Faustino

Carne: -¿Qué pretende de mí? -dijo Caperucita. -No sé si me explico, pero con tu abuela ya almorcé opíparamente-, contestó el lobo.

Castilla, Martín Daniel

Escapé rusita, lo voy… no, ¡nah! ¡Qué cuento!

Casademont, Claudio

Mamá me lo dijo y no hice caso. Todos los hombres son iguales debajo del disfraz de turno: demandantes como abuela postrada.

Castagnet, Martín Felipe

La mala fue que debajo de la caperuza el Lobo reconoció a su hija; la buena fue comprender que se había merendado a su suegra.

Chara, Alberto

Una historia real: Mientras la abuelita se fue a cobrar la jubilación, el lobo carestía se comió la canasta familiar de Caperucita Roja.

Chara, Alberto

Epitafio de la abuela de Caperucita Roja: “No me esperen para comer.”

Chino en el piano

Mirá al rededor…órganos, cesos, jugos gástricos…toma un baño y relájate. Estás en casa.

Chino en el piano

Creí ver a lo lejos a mi redentor. Fui hacia él. ¿Será acaso de la raza del engaño? ¿O será frío, estéril, e inocente como yo?

Chino en el piano

Vil engaño. Al ver tus ojos menguantes, mi corazón traicionado. Luego llegó la otra historia. La que no nos atrevimos a contar.

Chino en el piano

Indicando a la niña. Yendo a ver a la abuela. Engañada. Atacada por el lobo. El leñador murió. Aprendiendo la lección.

Chino en el piano

Haz caso o caerás en el engaño y la voraz persecución… con suerte terminarás tomando té y encontrándole un hombre a tu abuela.

Díaz, Ariel
Clasificado: Permuto caperuza roja por protector auditivo y diafragma. Los aullidos de los bebés me están volviendo loca.

Díaz, Chus

La puerta abierta. Oscuridad y silencio. Caperucita traga saliva: tiene un mal presentimiento…. Aun así, entra en la casa.

Díaz, Chus

Lobo feroz cambia cuento con niña impertinente, abuela enferma y casita en el bosque por telenovela de lujo y glamour.

Díaz, Chus

Caperucita miró a Lobo, decepcionada. Ojos grandes, nariz afilada y amplia sonrisa, había dicho él… Maldito chat sin foto.

Díaz, Chus

Te extrañará recibir mi carta, Caperucita. Soy un lobo preocupado. Desde que me mudé aquí, no dejo de vomitar abuelitas…

Díaz, Chus

Aquel visitante era algo siniestro pero a Abuelita no le importó. Estar enferma le aburría. “¿Juegas al póquer?”, le preguntó.

Díaz, Chus

Comer abuelas, disfrazarse, mentir, comer niñas, pelear con cazadores… Demasiadas emociones. Lobo pidió la baja por estrés.

Díaz, Chus

Llegó sólo 10 minutos tarde, pero Caperucita ya se había ido. El plan de Lobo había fracasado. Aquel día se quedó en ayunas.

Díaz, Chus

Harto de la rutina, Lobo quiso variar el cuento. Caperucita lo encontró tomando el té con Abuelita. Le había llevado flores.

Díaz, Chus

“Es él”, dijo Caperucita señalando al tercer sospechoso. Lobo palideció. Ogro, Bruja y Duende respiraron aliviados.

Díaz, Chus

“¡Yo no me comí a esa vieja!”, gritó Lobo tras los barrotes. “Soy vegetariano, ¿por qué no me creen? ¡Exijo un abogado!”.

Díaz, Chus

Caperucita conoció a un príncipe y cambió el bosque por la vida en un palacio. Lobo decidió buscarse otro menú: ¿qué tal cerdito?