El poder de la palabra

Mancilla, Eduardo

Mancilla, Eduardo

Cuando su verborrágica esposa lo había dejado viudo, pudo sentir una vasta sensación de libertad. En la noche siguiente a las exequias y antes de disponerse a dormir, lo primero que hizo fue lo que hasta ese momento tenía prohibido, dejó sus dientes dentro de un vaso de agua sobre la mesa de luz. Desde entonces jamás logró tener un sueño placentero porque la difunta lo martirizaba noche tras noche, se había reencarnado en la dentadura postiza.