Historia de la humanidad

Scarso Japaze, J. Eduardo

Adán probó el agua; su cuerpo entero tembló ante el milagro de la frescura en la garganta, de la pureza transparente fijada en sus retinas. Después, famosamente, probó una fruta, que dio en ser la manzana. De allí sus hijos y los hijos de sus hijos, que primero caminaron el mundo sin saber que era redondo, y luego, sabiéndolo. Amaron y odiaron, fueron santos y malvados, vivieron en paz y en guerra.

Llegó el día en que uno de los buenos probó otra fruta, que enracimada y al sol había madurado, madurado tanto que lo que mojó sus labios era ya el fermento. De allí las artes y las ciencias y el talento creativo de las generaciones para hacer de ella aquello que un hijo predilecto del Padre llamó o confundió con su propia sangre, con su propia vida. Ya estaba entre nosotros este viejo compañero del placer, del furor, de la nostalgia, de la alegría, del sueño.

Otros la contarán, seguramente, a su apocalíptica manera; me ha sido dado revelarte la verdad, y es que la Historia de la Humanidad terminará con la sensación aterciopelada del invocado vino en la garganta de un hombre, cuyo nombre no sé, que tal vez seas tú, que tal vez sea yo.