Berti, Eduardo

Eduardo Berti
Eduardo Berti

Extractos de una entrevista realizada por Juan José Panno, María Vicens y Belén Andreozzi, el 14 de marzo de 2007.

Flash fiction

1. Los americanos hablan de “Flash fiction”, como si escribir microrelatos fuese rápido, cuando en realidad el tiempo de escritura que insume es enorme. El género es falsamente rápido: uno cree que el escritor lo escribió rápidamente, y no es así. Por otro lado, se lo puede leer rápidamente, pero los buenos microrelatos tienen muchas claves de relectura. Dejan mucho afuera, como señala la famosa teoría de “la punta de iceberg” de Hemingway. Acá creo que es el brillo de la punta, ni siquiera la punta, una olita, y todo lo que queda afuera es un mundo muy grande como para que el lector pase directamente al siguiente. Sería un pecado. Yo no voy a dar consejos como un médico, si quiere leer el libro de microcuentos en media hora, hágalo, pero luego reléalo.

Como las cerezas

2. Los microrelatos son como las cerezas: producen adicción. Habría que ponerlo en el lomo, como en los cigarrillos: “Leer cuentos cortos produce adicción como las cerezas, y otras cosas”.

Leer a Piñera

3. Cuando yo empecé a escribir microrelatos, ni sabía qué los eran microcuentos, y menos qué iba a ser un libro de eso. Cuando ya tenía diez o quince ya hechos, le comenté a unos amigos lo que estaba escribiendo y me dijeron: “Tenés que leer a Virgilio Piñera”. O quienes leían algún cuento mío encontraban reminiscencias de otros autores; de ahí en adelante fui tomando más autoconciencia.

Diferencia entre cuento y relato

4. Existe una diferencia entre cuento y relato, cosa que yo no distingo entre microcuento y microrelato. Lo que se dice es que el relato es más largo y de trama más abierta, mientras que el cuento tiene más esa cosa de “círculo perfecto” de la vieja doctrina de Poe y que tiene menos personajes, pero yo tengo mis dudas. En realidad, el relato vendría a ser otra zona de transición entre el cuento y la nouvelle. En el relato se permiten más digresiones, más personajes secundarios. Pero es muy difícil establecer diferencias; yo descreo de toda esta cosa rígida. En muchos lugares cuento y relato se tocan.

El boom

5. Hay un boom del microrelato, no sólo acá en Argentina, sino en los países de lengua española en general y también cada vez más en otros países, como China, Estados Unidos, Canadá, Nueva Zelanda. Me parece que este boom tiene algo de moda, y que se lleva muy bien con Internet y con los blogs. Es un género que queda cómodo para la falta de tiempo que tiene la gente para leer, va de la mano con la velocidad de estos tiempos. Por otro lado, también creo los microcuentos son fruto de un desgaste de la forma, sumado al hecho de que ahora la cosa va hacia la brevedad. Hay un viejo libro de Ítalo Calvino, Lecciones para el próximo milenio, donde destaca algunas cosas que él cree que se van a venir; ahí señala la brevedad, la intensidad, y cita El dinosaurio de Monterroso. Tal vez el espacio que tenía el cuento para renovarse iba más por el lado de las elipsis muy fuertes y la brevedad. Está bueno que los géneros tengan espacio y se puedan desarrollar.

Escribir a mano

6. Una vez me preguntaron porqué escribía a mano dije que tal vez fuera para no sentir que seguía haciendo periodismo. En los primeros años yo estaba muchas horas dentro de la redacción y me escapaba al bar de la esquina, y estaba un poco obligado a escribir a mano. No fue una decisión sino cosas que se fueron dando. Hay muchos escritores de mi generación que escriben a mano, con Pablo De Santis lo hemos charlado alguna vez. Me parece que ahí hay algo mucho más sensual. Yo siento que hay menos intermediación, que hay toda una cosa del pulso, la sangre y la respiración que juega en la escritura a mano. Además uno lleva una libreta que puede tener en todos lados. Escribir en bares es hermoso, o en los colectivos cuando conseguimos asiento. Es como una guitarra comparada con un piano, al que no podés llevar a todos lados. Yo tengo cuadernos con novelas enteras.

Fábrica de ideas

7. Mi usina de ideas por suerte no la sé. No es conciente y, ante el miedo de una sequía, es muy variada. Son las mismas cosas que le provocan ideas a la mayoría de los escritores. Hay cuentos que surgen a partir de un personaje, otros que nacen a partir de un lugar, otras, de una situación. Algunos se disparan a partir de una frase. Sobre todo en los cuentos hiper breves, que comienzan con una frase que se vuelve una especie de acertijo y después uno puede pasarse meses buscándole una continuidad.

Humor a primera vista

8. El humor es un elemento muy importante en el microrelato. Igual creo que los mejores microrelatos no son los que tienen intención de chiste, sino los que te provocan tal vez con una sonrisa pero a la vez te dejan esa sensación más profunda.

Literatura como juego

9. Hay otra lectura que es la literatura como juego y el lector tratando de descifrar pistas. Hay un libro de (Raymond) Queneau que se llama Ejercicios de estilo, y que es la misma historia contada 99 veces: en pasado, en futuro, con preguntas retóricas. Otro libro que se tradujo al castellano es La disparition de (Georges) Perec, un texto que no tiene la letra “e”. Acá lo titularon El secuestro y le quitaron la “a”. Y hubo críticos que en el momento en que salió la novela no se dieron cuenta de que faltaba la letra “e”. El riesgo de estos juegos es que uno muchas veces se queda en lo formal. Son juegos que van más con los cuentos o textos cortos, que en una novela. Porque una novela apoyada en un juego así pude provocar que sea mucho más divertido hablar de esa novela que leerla.

Arrojarse al vacío

10. Me da miedo ser conciente de todo. Está bueno ser conciente de la técnica, de cómo manejar las armas, pero me gusta reservar cierta espontaneidad. Un buen plan es combinar cierta inocencia con cierto saber. Es difícil mantener el equilibrio, pero estoy convencido de que hay varios momentos en la escritura. Hay un momento en el que uno se pone a escribir como un loco, y después otro en el que, como un viejo sabio, se lee a sí mismo para corregir. Ahí es importante ser conciente, tener un saber. Pero está bueno arrojarse al vacío cuando uno escribe, aunque es difícil.

Saer, lector de lujo

11. Uno de los mejores regalos que te hace la literatura es tener buenos lectores, lectores de los que uno se siente orgulloso. Saber que Saer leyó un libro mío, que pasó unas horas de un mes leyéndolo, no tiene precio. Otra sorpresa fue cuando un amigo me comentó que había visto algunos cuentos de La vida imposible en unos blogs, que es algo parecido a lo que pasa con la aparición de las canciones en las canchas. Es hermoso que a alguien, por propia iniciativa, se le haya ocurrido postear unas palabras que vos escribiste. Es alguien que se reconoce y siente que puede hablar a través de lo que vos escribiste.

El ejemplo de Picasso

12. Hay una famosa frase de Picasso que dice: “Lo mejor que te puede pasar es que la inspiración te agarre trabajando”, y no durmiendo, o triste porque no te viene la inspiración. Hay que aprender a tirar y también hay que escribir mucho, porque cuanto más escribís, más empezás a encontrar en cosas que te cuentan (cosas que lees, una noticia, lo que sea), cuentos, novelas, ficción. Así uno entra en un estado de escritura constante.

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