Bianchi, Sandra

Sandra Bianchi
Sandra Bianchi

Piezas de un rompecabezas

1. Mi descubrimiento de la Microficción tiene distintos orígenes. Por un lado, me gusta visitar los stands de los países en la Feria del Libro porque siempre encuentro libros que no son accesibles en Argentina, y un día me topé con los Cien microcuentos chilenos que compiló Juan Armando Epple y pensé: “¡Epa! ¡Qué me vengo a encontrar acá!”. Por otro lado, leí “Mr. Taylor”, de Augusto Monterroso, y como me gustó mucho empecé a indagar más en la obra del autor. Así llegué a “El eclipse” y a otros cuentos cortos. En otra oportunidad me topé con los cuentos de Juan José Arreola, y fue una maravilla encontrar esos textos tan condensados, tan poéticos, tan en sintonía con el lector. Y desde la crítica, que es de dónde provengo, empecé leyendo a David Lagmanovich. Todos estos hechos fueron como piezas de un rompecabezas que fui armando. Así como muchos escritores cuentan que empezaron a escribir textos breves sin saber que se trataban de microficciones, como lectora hice un camino similar. Fui leyendo textos que me gustaban y después dije: “Ah, caramba, esto es todo un género”, y empecé a seguirlo con mayor consciencia.

Primos-Hermanos

2. Lo que más me atrajo de la Microficción es ese espíritu que tiene similar al del Haiku: su capacidad de síntesis, de condensación de sentidos. Tiene una forma poética compacta y deliciosa, con mucha fuerza de transmisión. Creo que ambos géneros son algo así como primos hermanos, porque son diferentes pero tienen el mismo efecto de lectura, esa misma intensidad que apasiona a los lectores y que hasta genera adicción.

Primer Encuentro de Microficción

3. Después de leer y escribir bastante sobre la Microficción, me di cuenta de que no se había hecho hasta el momento ningún encuentro focalizado en este género. Y yo soy una persona a la que le gusta hacer cosas con las cosas que le gustan, digamos que suelo tener inquietudes que exceden el terreno del papel. Entonces intenté organizar un evento en el Malba, pero el proyecto quedó trunco. Más adelante se nos ocurrió con Luisa Valenzuela convocar a Raúl Brasca, que era un referente del género y conocía a varias personas del medio. Llevé la propuesta al Centro Cultural de España y la aceptaron de inmediato. Invitamos a varios escritores y críticos literarios, pero enseguida se fue corriendo la bola y todos los que se iban enterando quisieron participar (entre ellos Lauro Zavala y Fernando Valls). No teníamos recursos para traer a tanta gente de afuera, pero quisieron venir igual. En un momento temimos abrumar al público con tantos contenidos, pero como las mesas de lectura tuvieron tanta importancia como las de la crítica, el programa se hizo muy llevadero.

Microficción 1 – Fútbol 0

4. En el Centro Cultural de España nos dieron tres días para hacer el evento: el 21, 22 y 23 de junio de 2006. Las fechas nos las dieron con varios meses de anticipación, pero después caímos en la cuenta de que coincidían con el Mundial de Fútbol, y ese día Argentina se enfrentaba con Países Bajos por los octavos de final. Nos queríamos morir. ¡Tanto trabajo y no iba a asistir nadie! Las calles estaban desiertas, pero cuando entramos al auditorio nos encontramos la sala repleta. ¡No lo podíamos creer! El evento tuvo tanta convocatoria que Lidia Blanco, la entonces directora del Centro Cultural, nos dijo: “¡Pero qué bien!: “Microficción 1 – Fútbol 0”. Pasión por pasión, la Microficción había ganado. Organizar el encuentro fue muy trabajoso, pero también muy gratificante. Además, permitió que escritores y críticos argentinos y de otros países se conocieran y se pusiera en contacto para futuros proyectos. Digamos que surgió una “conciencia de grupo”, porque si bien cada uno trabaja individualmente, el género sale adelante gracias al esfuerzo de todos.

La Orden de la Brillante Brevedad

5. Actualmente se realizan encuentros internacionales de Microficción cada dos años (el próximo es en Colombia) y otros locales, como la jornada que se hizo en Rosario el año pasado, pero son espaciados y están más abocados al estudio y a la crítica del género. Por eso con Fabián Vique se nos ocurrió organizar un ciclo de lectura, como los encuentros de poetas. Lo llamamos La Orden de la Brillante Brevedad, término que tomamos prestado de Luisa Valenzuela. Arrancamos en el 2009, pero queremos darle cierta continuidad para ayudar a difundir y a instalar el género. Lo bueno de los encuentros relacionados con la Microficción es que tienen un espíritu más fraternal que otros eventos culturales. Como se trata de un grupo pequeño de escritores hay más familiaridad y siempre se produce una suerte de “alegría del reencuentro”.

Luisa Valenzuela

6. Estudié toda la obra de Luis Valenzuela, que es muy vasta y compacta. Aunque su figura goza ahora de mayor reconocimiento, creo que en Argentina no ocupa todavía el lugar destacado que se merece y que le han dado en otros países. Aquello de que “nadie es profeta en su propia tierra” es trillado pero cierto. Ella tiene un manejo del lenguaje exquisito y sus textos abren múltiples posibilidades semánticas. Es muy inteligente y logra una gran sintonía con el lector. Ella dice que su literatura no da respuestas sino que abre preguntas, y realmente abre preguntas muy interesantes. Habla de ciertos temas pero sin ser panfletaria. En cuanto a sus microrrelatos, son perfectos. Dice tanto en tan pocas líneas, que esa explosión de sentidos invita a un ejercicio de relectura constante. Además, puede observarse la continuidad de ciertos elementos en todos sus textos. Es muy interesante como ella evoluciona con este género, porque al principio hacía Microficción sin saberlo. Luego la invitan a participar de algunos congresos internacionales y comienza a escribir con mayor consciencia de género. En la última Jornada de Microficción que se realizó en Rosario, en lugar de una ponencia llevé una entrevista con formato de video documental en la que conversamos con Luisa sobre sus microrrelatos y su proceso de escritura. Dice cosas tan interesantes que ojalá pueda encontrar otro espacio para proyectarlo y repetir la experiencia con más escritores.

Apocalípticos vs Integrados

7. La brevedad, que es la característica más sobresaliente de la Microficción, funciona muy bien en Internet. No sólo por el formato, sino también por el tiempo de lectura que en principio lleva (los microrrelatos en realidad invitan a la relectura). También se relaciona con esta “Democracia de la Voz” que permite el medio. Existen una infinidad de páginas sobre el género. A Ficción Mínima, el blog que creamos con Violeta Rojo y Lauro Zavala, llegan muchísimas colaboraciones. No todas tienen calidad literaria, pero lo que sorprende es la cantidad de producciones que recibimos. Si la lectura en general promueve la escritura, en la Microficción esta posibilidad se potencia. Y si la Literatura es ambigua, la Microficción es todavía más ambigua, deja más agujeros para completar, y al llenar esos blancos el lector hace una especie de escritura virtual. De ahí a plasmarlo en un texto, para quien tenga la inquietud, hay pocos pasos. Internet, por otra parte, permite publicar los relatos- claro, luego está la sorpresa de que lo breve no es nada fácil, y el compromiso de cada uno frente a su escrito-. Umberto Eco decía que lo que es un horror para los “apocalípticos”, resulta una aventura para los “integrados”. Creo que lo que más asusta es el tema de la calidad literaria, pero yo en principio me siento más del lado de los integrados. Estamos en un proceso de transición y ebullición de estos escritos. Ya veremos cómo se desarrollan con el tiempo.

Huellas de un libro próximo

8. En 2009 publiqué Huellas, que es una suerte de “adelanto” de un libro que todavía está en formación. En realidad, la idea de este “pre-libro” fue de Luisa. Yo tenía los textos que habían aparecido en antologías y en blogs, y ella me dijo: “Vos ya tendrías que publicar algo… Una edición pequeña, como un adelanto”. Así que seleccioné los que eran más afines a ciertas temáticas o búsquedas, a las cosas que en ese momento tenía ganas de narrar, y me lancé al ruedo.

Momentos de percepción

9. Las ideas para los micros en general las encuentro trabajando. No creo en la “inspiración”, aunque tengo muchos momentos de percepción donde de pronto me encuentro siendo espectadora o protagonista de una escena interesante. A veces siento que me desdoblo y miro desde afuera, como un narrador omnisciente. Entonces leo ese fragmento de la realidad y empiezo a tejer asociaciones. Puede ser algo que veo o que escucho, pero inmediatamente se me ocurre un juego de palabras en torno a eso, o trato de invertir la mirada. Lo que me queda es en definitiva una idea para empezar a trabajar. Focalizo en la cadencia del lenguaje y en las omisiones, trato de que el relato se entienda y quede redondo. A veces algo me hace ruido pero no me doy cuenta de cuál es el problema y necesito dejar el cuento en terapia intensiva unos días para descubrirlo. Al contrario de lo que se piensa, es muy difícil escribir Microficción. Uno puede pasar semanas y meses dándole vueltas a un puñado de palabras. En realidad dicen que los textos nunca están listos, pero bueno, al menos se trata de llegar a una versión aceptable.

Una búsqueda permanente

10. En mis cuentos hay una visión femenina, pero no tiene que ver con una militancia de género sino que me sale naturalmente. Abordo el universo femenino más desde el tema de la identidad y de la búsqueda. Creo que mis textos en general no son narrativos (no cuentan una pequeña fábula), sino más bien filosóficos, porque plantean interrogantes. Al menos trato de sugerir o de poner en palabras esos “inefables de la vida” que tan bien plasma Clarice Lispector. Creo que la Microficción también está en un estado de búsqueda permanente, o mejor dicho, quienes la estudiamos estamos en una búsqueda, porque es un género al que no le cabe ninguna clasificación. Eso nos mantiene en un estado de reflexión constante. Por otra parte, indago en lo metaficcional. No me lo propongo conscientemente, pero en mis cuentos suele haber temas que se refieren a la Microficción.

La madre de todas las aguas

11. Es difícil cuando una se dedica a la crítica y luego pasa a ser escritora, porque se tiene todo un paquete o bagaje crítico del que cuesta desligarse. Una sabe que hay una batería de cosas funcionando detrás de los textos y ya ha tratado de desarticularlas en los cuentos de los demás. Por eso cuando escribo trato de situarme en otro lado, intento desarmar esa mirada, de lo contrario me sentiría que estoy siguiendo una receta o dando un examen de la facultad. Hay que darse ese permiso mental y rechazar el mandato de que “el crítico es sólo crítico”. Yo creo que el crítico siempre es escritor, porque pone en juego no sólo esa caja de herramientas sino también una gran creatividad. Todo tiene que ver con la lectura, que es la madre de todas las aguas literarias. En mí, al menos, conviven ambas facetas.

Epidemia mínima

12. La lectura es fundamental, es la que genera el deseo para seguir leyendo o escribiendo microficciones. Todos los que gozamos con ella sabemos que es de lo más maravilloso que existe en la vida. Durante unos años, tuve la oportunidad de coordinar un taller literario en el Servicio de Salud Mental del Hospital de Clínicas y pude comprobar que la lectura tiene la capacidad de restaurar o mejorar la calidad de vida de las personas. Es increíble lo que puede lograr. Y después, bueno, una vez que te pica el “bichito” de la Microficción ya estás contagiado. Es un motor que se enciende y te hace buscar y explorar. Internet es un buen lugar para empezar, se pueden encontrar escritores nóveles y consagrados, y gran cantidad de material que compensa la dificultad que existe para acceder a lo que está publicado en papel. Hay para entretenerse un largo rato en estos universos mínimos virtuales.