Isnardi, Hernán

Hernán Isnardi
Hernán Isnardi

Extractos de una entrevista realizada por Juan José Panno, María Vicens y Belén Andreozzi.

El nacimiento

1. La Máquina del tiempo nace con la idea de generar un lugar donde poder publicar algo, porque los escritores no tenemos un lugar. Para publicar en lugares serios, aunque no sé si hay demasiados, tenés que ser amigo de alguien; no importa demasiado el talento. Esto salió en papel, y por supuesto, al segundo número fracasé como el 95% de las revistas; y apareció la maravillosa Internet. En papel salió en el ´97, y ya a fines del ´98 la subí a la web, cuando todavía no tenía mucha idea de qué era eso. Al principio celebrábamos las diez visitas por mes, o las veinte, era increíble, ahora tengo 70 mil por mes, y lo más lindo es que se hizo despacio pero teniendo el público que yo quería tener, porque además todo el mundo viene y te dice: “vos deberías hacer esto, lo otro, tendrías que agregar esto o aquello”. Y yo no, mantuve la web que pensaba. Por ejemplo de Antonin Artaud, de Charles Baudelaire, de Edgar Alan Poe, de Katherine Mansfield, de Salvador Elizondo, de Abelardo Castillo, de Franz Kafka, de esos creo que es uno de los sitios más completos en castellano de todo Internet.

El mundo no termina en Villa Urquiza

2. Uno empieza a ver que entran más personas de México que de Argentina, y de España casi como en Argentina, y te das cuenta de que el mundo no termina en Villa Devoto o Villa Urquiza, y que publicás una nota sobre traducciones y te escribe una mujer de Austria quejándose. Saqué un artículo sobre las malas traducciones de lo Premios Nobel, porque son terroríficas, y es inentendible, porque cierra hasta comercialmente, si vos decís que para un autor chico no pagás una buena traducción, bueno, ¿pero a un Premio Nobel?

Lo que pasa además, es que las mejores traducciones está hechas por los escritores, por una cuestión elemental que es la de la escritura; escribir no es fácil, y las malas traducciones están por todos lados; las traducciones que uno recuerda, generalmente están hechas por escritores. Decíamos antes que la mejor traducción Las flores del mal de Baudelaire, la hace Ulises Petit Murat en prosa, sobre un libro escrito originalmente en verso. Es extraordinaria. Por su parte, Bartolomé Mitre sigue siendo el mejor traductor al español de la “Divina Comedia”, en tercetos, con rima; es monumental. Once años laburó para eso, entonces ahora se usan otros tiempos y la verdad es que no podés traducir un libro en tres meses ni en cuatro ni en cinco.

El taller y cómo lograrlo

3. A mi taller ha venido un montón de gente maltratada por otros talleristas. A mí me parece que no debería ser así, porque se supone que debo sacar lo mejor de vos, no lo peor. Yo no sé si vos tenés temperamento para bancarte que te diga: “lo tuyo es una basura”. Porque vos me tenés como un buen referente, qué sé yo, por lo que yo publico en la revista, y tal vez dejás de escribir, y te arruino. Hay muchas historias de escritores que en sus primeros intentos de publicación fueron rechazados. Pero también aparece otro juego con las revistas, porque a un taller acude alguien que quiere prepararse, y a la revista, supuestamente envía textos alguien ya preparado.

Encuentro con Abelardo Castillo

4. Con Abelardo Castillo, el proceso de la grabación de sus textos tardó desde marzo de 2003 a marzo de 2005. Primero hicimos una parte, salieron mal algunas cosas, y luego grabamos la segunda parte. En realidad el tiempo que tardamos fue más por falta de fondos que por otra cosa. Yo lo conocí a él en el años ´98, una vez que le hice una nota; le llevé las revistas en papel, el número uno y dos, diciéndole que si le parecía una revista digna le iba a hacer una nota. Y al otro día recibí un mensaje de Sylvia, su mujer, diciendo que habían quedado encantados con la revista y que cuando quisiera podíamos hacer la entrevista. Hice la nota, y a partir de ahí mantuvimos una relación literaria bárbara. Conmigo ha sido inmensamente generoso. Y cuando pensé este proyecto de hacer voces de escritores, que no es nuevo, pero desde la década del ´60 en que Yánover grabó a todos los fenómenos contemporáneos a él, nadie más grabó nada, y arranqué con el proyecto y conseguí grabaciones de Tennyson del año 1890, de Walt Whitman, de Guillaume Apollinaire del ´14, y me di cuenta de que por ejemplo no teníamos la voz de Abelardo Castillo, estábamos completamente fuera de foco; entonces se lo propuse y me dijo que estaba encantadísimo. Así fue que grabamos seis o siete poemas, un cuento que en aquél momento era inédito y que es formidable; hay fragmento de novelas, y están las mínimas para escritores, que son extraordinarias.

Los talleres de Internet

5. Los talleres por Internet de algún modo están estructurados como los presenciales, como si vinieras una vez por semana a mi casa. Se manda un mail grande semanal, y el alumno manda un cuento, un poema, o dos. Entonces en esa semana yo lo leo varias veces, le hago la corrección y luego en base a esa corrección le mando lecturas nuevas. Como para ir mejorando, como para cambiar la dirección. Todos los talleres, por lo menos los míos, los hago en base a la persona que tengo enfrente, no es que tengo una fórmula. Y con estos alumnos de Internet, en la gran mayoría de los casos no tengo más contacto que por mail. Y además otra ventaja de Internet es esa, te tenés que comunicar vos como corresponde para que el otro te entienda. Además tenés la mayúscula, o los signos de exclamación, o sino les pongo en francés antiguo: “Sos una bestia”.

Lecturas recomendadas

6. Me acuerdo de algo que leí de Borges, que decía: “Si querés escribir, lo último que tenés que hacer es crear una revista literaria”. Yo publique siete u ocho notas desde que nació la revista, y creo que ni una nota por año, porque no tenés tiempo. Se te va en la lectura, porque los libros que recomiendo son los que me gustaron a mí. Para eso tengo que leerlos. Más o menos 20 libros por mes, porque además a mí los libros que no me gustan no los recomiendo, porque hacer una crítica mala de un libro es un poco perder el tiempo, yo te tengo que recomendar lo que tenés que leer no lo que no.

Galería de ídolos

7. Si hubiera podido optar por hacer algún taller, hubiese elegido el de Abelardo Castillo. Porque aparte es el tipo que más sabe, lejos. Leyó todo lo que vos ya leíste, y varias veces. Otro que para mí es dueño de una literatura monumental es el “Negro” Dolina. Su último libro, El bar del infierno, me parece genial. Los libros del Ángel gris, tenían esa originalidad, esa cosa de barrio. Ahora, me parece que recobró una nueva identidad más universal. Y otros que me gustan de acá son Perla Suez, escritora cordobesa que es de lo mejorcito que hay, Liliana Hecker, Sylvia Iparraguirre, Andrés Rivera, Héctor Tizón, Juan José Saer, Jorge Luis Borges, Leopoldo Marechal. Marechal es uno de esos tipos que pueden escribir sobre lo que se les ocurre, y magníficamente. Castillo es otro. No hay muchos de esos, serán tres o cuatro. Castillo dice que de Borges, de Arlt y de Marechal viene toda la literatura de este siglo. Además el nivel intelectual que tenía Marechal era descomunal. Hay un libro suyo que se llama Descenso y ascenso del alma por la belleza que es increíble, y ahí tenés desde Platón hasta lo que se te ocurra.

Bioy en la mira

8. En un momento hice un número sobre Bioy Casares, y Bioy debe ser un tipo de los más irregulares de nuestras letras; es un escritor que tiene cuentos memorables, y prácticamente la mitad de su obra la podés tirar a la basura sin el más mínimo inconveniente, no te genera ni siquiera culpa. El me dijo a mí: “Yo no tengo autocrítica”, entonces publicaba cualquier cosa. Los últimos libros son terroríficos, desde ese de Graffitis, o Descanso de caminantes; son malos, lo pintan a él como un tipo horrendo; publicaba los días en los que se iba a acostar con la mujer de su amigo Octavio Paz en Francia, a parte, a quién le importa eso. Pero también tiene cosas como Memoria de paulina o la Invención de Morel, que son memorables.

Libros que no muerden

9. Idos, niños y descoloridos, de Jorge Luis Sagrera, es el inicio de la editorial La máquina del tiempo, un proyecto que espero no sea muy ambicioso. Sí que lo sea desde el punto de vista literario, pero se nota que de ambición económica yo carezco. Soy un desastre. Por eso pedí la ayuda de Baulelaire; tengo una lista de títulos, como por ejemplo las críticas de arte de Baudelaire, que sigue siendo el mejor crítico de arte de la historia o más o menos; el hombre descubrió a Delacroix en pintura, a Wagner en música, para que se den una idea de nivel de la cabeza del tipo. Después Aurelia de Nerval, que hace añares no se edita, y que si se editó ha desaparecido bruscamente. Ensayos de Poe, que si bien se han editado son traducciones viejas. Vargas Vila, un escritor colombiano monumental, y el libro que pienso editar de él se llama “Ibis”, libro que salió por el 1900 y que al leerlo, mucha gente se suicidó. Se publicaron en España, recién en el 2000, sus diarios. La idea es hacer con estos autores un fondo, que me permita editar a escritores nuevos sin que ellos tengan que pagar sus ediciones. Esa es la base.

Como subsistir

10. Con la página intenté buscar subsidios millones de veces. Este mes estoy terminando el subsidio que me cedió el Fondo Nacional de las Artes por tres meses, maravilloso, y eso fue lo único que conseguí en estos diez años. Después Secretaría de Cultura de la Nación, las telefónicas, los bancos, no es que no te apoyan, ni se enteran, porque vos dejas el pedido en mesa de entrada y no hay nadie que lo haga llegar.

Llevé un proyecto a la Cámara Argentina del Libro, porque los chicos leen cada vez menos; la idea era regalarle los discos en los que el autor lee sus cuentos, nada más habría que poner el compacto y sentarse a escuchar, les pedí que paguen la edición, y después voy yo a cada escuela en la que se regalen, a hacer la presentación, pero ni siquiera me atienden; toco el timbre y no hay nadie. Supongo que deben estar haciendo cosas importantes.