El grito en la oscuridad

Prósperi, Gabriel

No vio a Maradona esquivando ingleses ni levantando la Copa en México. Tampoco lo vio llorando como un chico en Italia, ni con las piernas cortadas en Estados Unidos. Ahora que Maradona se tira de panza al piso, con traje gris y con la boca llena de gol, tampoco lo ve. Y no le importa: él grita y llora igual, porque sabe mejor que nadie que el amor es ciego… Tan ciego como él.