La mano de Dios

Cabrera, Rubén Faustino

Un inglés llega al Cielo (parece ficción, pero, obviamente, este cuento es ficción). Dios le da la bienvenida y le concede un deseo:

– Pedí lo que quieras.

– ¡Oh, my God! ¿Lo que quiera?

– Lo que quieras. Eso sí: no me vayas a pedir, por ejemplo, que anule la Segunda Guerra Mundial.

– Entiendo, Señor, imposibles no.

– ¿Imposibles? ¿Imposible? Pero… ¿vos sabés con quién estás hablando?

– Discúlpeme, Señor, yo sé que usted podría hacerlo.

– ¡Por supuesto! Pero… ¿sabés todas las cosas que tendría que reacomodar? Pedí algo que sea más simple. No tengo ganas de trabajar tanto.

– Está bien, Señor. Lo que quiero es más sencillo. Quiero que anule un gol.

– ¿Un gol? ¿Qué gol? ¿De qué deporte? Especificá.

– El primer gol que le hace Diego Armando Maradona a Inglaterra el 22 de junio de 1986 , en el Estadio Azteca de México, a los seis minutos del segundo tiempo, por los cuartos de final de la Copa Mundial de Fútbol 1986.

– ¿La mano de Dios?

– La mano de Dios, sí.

– ¿Y qué querés que haga?

– Que el árbitro vea la mano y no convalide el gol.

– ¿El gol de la mano de Dios?

– Sí, Señor. El gol de la mano de Dios.

– ¿Vos estás loco? ¿Sabés toda la buena prensa que me dio ese gol? Después de las Cruzadas, después de la Inquisición, de la conquista de América, después de que dijeran que Dios ha muerto…

– Pero, señor… ¿por la buena prensa que le ha dado ese gol no me concede el deseo que me prometió? ¿Ese es el motivo?

– ¡No! ¡Porque el gol de la mano de Dios fue hermoso! ¡Lo más hermoso que vi en mi vida! ¡Y eso que soy eterno, eh!