Metamorfosis

Hidalgo, Paloma

Son muchos los que ahora sienten suyos los colores rojo y amarillo, miles de entrenadores apasionados que desde el sillón dirigen al equipo a voz en grito, con la esperanza de que a sus pupilos allá en la lejana Sudáfrica, les llegue el eco de sus deseos, mientras el viento agita las banderas que igual que en otoño, cuando con las primeras lluvias salen las setas, han surgido en balcones, terrazas y patios con los primeros goles. Han transformado mi calle, ahora llena los colores de ese rebrote de patriotismo que durará lo que dure el mundial. Lástima, después volveremos al gris, mucho menos atractivo que el vivo colorido de la enseña nacional.