Todo tiempo pasado fue…

Coccolo, Mauricio

– ¡Centrofóbal eran los de antes, no los pitucos de ahora!

– ¡El gringo Seia! ¿Se acuerda? Un burro que no necesitaba imaginar goles, directamente los metía y listo.

– Un día vi cómo era alcanzado por el destino, sin tener que salir a buscarlo. Lo volvieron loco a puteadas esa tarde y encima todo el mundo se le cagó de risa cuando desmayó al perro de la policía. En el arco del tapial, agarró de aire una pelota que llegaba perfectamente redonda, infló el pie como si fuera un puercoespín y le pegó de lleno, con la fuerza de un toro que encara el alambrado para escaparse, lástima que le faltó dirección. La gente primero se quedó muda y después explotó en una sola carcajada que se multiplicaba a medida que se iban dando cuenta de qué había pasado. El gringo miró al piso, hizo bien porque ahí es donde se juegan los partidos y no afuera. En la jugada siguiente le puso la zurda a un centrito de Gutiérrez y ganamos 1 a 0 con gol de él. ¡Eso era un goleador!

De casualidad, el Catulo escuchó la conversación mientras esperaba el vuelto de los Derby que la madre le había mandado a comprar y pensó: “Pobres viejos, no saben lo que se perdieron por no verlo a Palermo… si tuvieran una tele…”.