Triunfar a pesar de todo

Broggi, Felisa

Ariel tenía casi veinte años; aún no había podido terminar la secundaria pero todos conocíamos su tosudez. Cuando se proponía algo lo conseguía. Su “madre” (una pariente lejana que lo había criado) lo apoyaba en lo que él quería, pero solía angustiarse cuando hablaba con nosotros pensando qué haría su “hijo” cuando ella dejara este mundo.

Y un día Estela, la madre de Ariel, falleció en forma repentina. El muchacho la lloró en silencio, soportó como pudo el dolor de su partida.

Pasados los días Ariel llegó al colegio como siempre: empecinado en un silencio que no sorprendió a nadie.

Me buscó y me dijo: “Le prometí a mi vieja y ahora se lo prometo a Ud: voy a triunfar. Conseguiré lo que siempre quise. ¿Puedo decirle “viejita”? Acepté la propuesta y esperé.

Los años pasaron. Poco supe de él hasta una noche que se presentó en mi casa con un diploma y una medalla de oro que brillaba como sus dientes de conejo.

“Triunfé. Lejos de aquí pero lo hice”, apenas sonreía.

Me alcanzó ambos reconocimientos: en uno decía “Goleador del Mundial de Fútbol – 2008” y en el otro “A la conducta deportiva – Club Atlético Juventud” e idéntico año del anterior.