22 de abril

Secco, Rodolfo

Aquél día no tuve el valor suficiente para decirle lo que sentía, usted estaba muy cansado y dolido.

Quiero que sepa una cosa, usted no mintió, sino que se vio obligado a ocultar aquello por las circunstancias y de esa manera evitó un mal mayor porque la democracia estaba en peligro.

Tampoco a usted le gustaron esas leyes, tuvo que hacer concesiones, pero no decir la verdad, porque si la gente reunida en Plaza de Mayo escuchaba que la casa no estaba en orden ¿qué hubiese pasado?

Ellos se pintaban la cara para jugar a los soldaditos, ya lo habían hecho para secuestrar, matar y usted les devolvió un juicio justo, plagado de garantías, para condenarlos sin violencia y con enorme Justicia.

Que pena que no le fue bien, aunque perdura su prédica, donde la única forma de crecimiento es la búsqueda de consensos básicos que permanezcan en el tiempo a pesar del signo político del gobierno de turno.

Doctor Alfonsín, muchas gracias, hoy a 25 años de una de sus inmensas decisiones debe haberse dado cuenta desde donde esté que en dicho aspecto “la casa está en orden”.

Margarita… su secretaria de siempre.