Carta

García, Guillermo

– Dele, sargento, dicte nomás.

– Ahí vamos, pues: “3 de febrero de 1813. Te hablo así, sin voz y a la distancia, porque hoy me desperté con un entresijo raro en el pecho. No es miedo por mí. No. Vos sabés que nunca flaqueé. Es otra cosa… No sé… El coronel también parece preocupado. Hombre chúcaro si los hay, el coronel. Siempre serio y arisqueando. A veces mira el horizonte hasta perderse. ¡Si parece que soñara o adivinara el futuro! Pero ayer, de golpe, se acercó y nos habló largo y tendido de muchas cuestiones… Libertad… Patria… No entendí demasiado pero colegí que eran asuntos importantes…

Ahora, acá, atrás de estos muros, mientras esperamos que los godos desembarquen, temo por él y no hago más que rogarle a Tatita Dios que lo proteja. Algo me dice que demasiadas cosas dependen de lo que pase hoy. Pienso en nuestro gurí. Pienso en vos, Francisca. Pienso en todos los que habitamos esta tierra y en los días por venir. Quisiera tener más palabras para explicar esto que siento. Pero mejor termino acá. El coronel ordena montar. Pronto será la batalla.

Quien bien te quiere y no te olvida.

Juan Bautista”.