El Inca Castel

Bilbao, Daniel

La boca es una hoquedad tumefacta. Sin embargo, la voz más alta que encendieron los días de mayo no puede ser carcomida y anda recorriendo América. Se acaba el decidido, pero lo sobrevive la palabra. Que no lo sepan en Huánuco, que no se enteren las piedras acribilladas de viento. El Inca esperado se transubstancia. Lo recibiremos “bailando a la moda de los Chimos antiguos”. Regresará para restituir los viejos tiempos. Le comerá la gangrena su lengua, se transformará, vendrá adornado con sus plumas de corekente, el puyllu sobre su frente, alto el pullcancca con su huifala, alzará sus dos puños y nos señalará el camino. ¡A la calle que ya es hora! Trescientos años de esclavitud han sido suficientes. Que corra la voz. Ya dicen en Pasco, en Huamalíes, en Panatahuas: “Vencer, o morir, o vivir en los desiertos”. Ya viene el Inca Castel, el decidido. Huánuco se alza para recibirlo. Que nadie sepa que se lo devora el mal en Buenos Aires. Los chapetones le temen. ¡A la calle! Que nadie sepa. Allí viene su palabra, en las alas del Cóndor.

Nota: Basado en un hecho poco conocido entre nosotros, que fue el alzamiento indígena y popular de Huánuco (Perú), cuando esperaban la llegada del “Inca Castel”, que no era otro que Juan José Castelli. La sublevación estaba en marcha al mismo tiempo en que el revolucionario americano agonizaba en Buenos Aires, sin que los sublevados lo supiesen.