La noche de los lápices

Salguero, María

Sumidos en el rondar de cartucheras, los carbones de madera quisieron recorrer el camino hasta la escuela. Los Bondi de colores vaciaban billeteras. Las mañanas, tardes y noches se repetían dejando sueños afuera. Esta ventisca llena de primaveras desparramaba 16, 17 y 18 hojas como quisieran. Pero, los bastones altos, grandes y lustrosos vislumbraron las quimeras. Así, una noche, cuando hasta los gallos dormían detrás de las escuelas, los bastones lustraron sus cueros y silenciosos se escondieron. De a uno fueron picoteando las maderas. Primero fue Claudio, luego Gustavo, le siguieron María Clara y María Claudia, también Francisco, Patricia, y Emilce; todos fueron componiendo la décima del rosario que se llevó la perrera. ¡Cuánta tormenta vino después! ¡Cuánto color tiñó el río! Pasó el tiempo y la brisa nueva llegó detrás de aquellas primaveras. Pero las nubes se agigantan todas las noches en vela. En la risa juvenil se esconde la primera. Siempre hay reclamos, pedidos y sueños en cada primavera. Pero ¿por qué los bastones de cueros tiraron los carbones de madera, si ellos sólo querían rondar en cada cartuchera? Los Bondi siguen recorriendo los caminos de la escuela y en cada ventanilla se asoma el reclamo de aquellas primaveras.