La vertiente secreta

Nani, Ricardo Adrián

Un grupo maltrecho de federales, abandonó Tucumán para ingresar a Salta. El sol calcinaba. En un paraje apodado El Infiernillo, “Quebracho”, caudillo del grupo federal, criado cerca de allí, conocía una vertiente secreta. Al llegar, sacó unas piedras con verdín. Bebió el agua fresca. Un disparo de trabuco pasó cerca de su cabeza, y una voz resonó en la quebrada: ¡Esa vertiente es unitaria!

“Quebracho” contestó: ¡Si el agua no es nuestra, tampoco de ustedes! El unitario, sabía que estaba perdido si no llegaba a un acuerdo, pero no entendía cómo el federal conocía la vertiente. Al otro día, los unitarios seguían desafiantes. “Quebracho” propuso: ¡Unitario! ¡Si nos dejan ir, abandonamos la vertiente! Los unitarios aceptaron, cuando “Quebracho” vio al caudillo unitario, quedó mudo, era su amigo de la infancia en Amaicha; “Chilicote”, quien ahora comprendía porqué su enemigo conocía esa vertiente. Confundidos en un abrazo inesperado, tanto federales como unitarios se distendieron y advirtieron que dos viejos amigos se encontraban en una parada difícil. Todos bebieron el agua.

Argentinos separados y unidos por el agua. El silencio, la magia del crepúsculo, y el sol quebradeño, fueron testigos de una tregua, y de una vertiente que ya no sería secreta.