Sacrificio

Di Julio, Armando José

La habitación olía a eucaliptus, tras el ventanal se enredaba la mañana en ráfagas de viento y lluvia, en la cama yacía una joven mujer casi oculta, pálida y consumida por la fiebre. Doña Tomasa entró con un frasco de láudano:

– Acá estoy María, debes tomar tu medicina.

– No mamá, no puedo-dijo en un susurro.

– Por favor hijita.

Con ternura la madre levantó la cabeza de su hija para que bebiera, pero un acceso de tos espasmódica la obligó a inclinarse y tapar su boca con un pañuelo que se tiñó de sangre y le llenó los ojos de lágrimas.

– ¿Por qué me pasa esto madre? ¿Me voy a morir?

– No hija, muy pronto te repondrás.

– ¿Dónde está mi niña, madre?

– En la casa de Carmen, con Lorenza.

– Quiero que venga mi esposo, fue muy cruel al abandonarme, parece que no me amara.

– Tú más que nadie sabes que eso no es cierto, siempre la causa patriótica se antepuso a toda familia hijita.

– Yo anhelo estar con él ahora, madre.

– Pronto vendrá y ya no se irá, mi ángel.
…esa tarde, agotada por la tuberculosis, moría en la casona paterna,”María Remedios Escalada de San Martín…”