Pasarla bien

Italo Galiano, Sergio

Teresa dejaba correr las horas y sus ojos por una revista de consultorio.
Al ver esa nota se acordó de Rodolfo.
Él fue cronista barrial y hasta poeta de cancionero propio editado.
Ella en el próximo almuerzo le contaría del concurso.
El sol iluminaba el pelo de la camarera rubia que voluminosamente se les aproximaba.
Rodo dijo: “Pizza de frango”.
Tere: “Ensalada de rúcula y cerveza roja”.
Él la escuchaba atentamente sin dejar de saborear el pan negro con manteca.
“¡Dale escribí algo sobre el vino, Ro!”
Él citó al genio de Kayyam:

“¡Vino, mi corazón enfermo quiere ese remedio!
¡Vino de aroma almizclado! ¡Vino color de rosa!
¡Vino para apagar el incendio de mi tristeza!
¡Vino y tu laúd de cuerdas de seda, mi bienamada!”
– O también las exquisitas sugerencias de Miguel B. ambos epicúreos y existenciales… con semejantes autores no vale la pena intentarlo…-miró el vaso a trasluz, pensó en que no era tinto y concluyó- ¿Se te ocurre algo a vos, Te?
Ella suspiró profundamente, mientras ponía salsa de soja en su plato, recordó noches en las que juntos, con algún Malbec, Viognier o quizás Syrah Rose… y canciones de Zero 7 acompañaron sus destinos de sexo excelso y/o dulces sueños.