Cacería

Savoia, Liliana Mabel

Las botas relucen al costado de las vías. Desde el negro cuero el poder se filtra, contrastando con el miedo de los ojos de Estela. Corre para refugiarse en la estación de Adrogué. Pretende pasar desapercibida entre la multitud.

Oye las botas repiquetear detrás de ella. Su cerebro está tan acelerado como su corazón. Todo depende de instantes. Si pudiera alcanzar el próximo vagón se desprendería de ellas.

El cazador no da respiro a su presa. El tren ya está en el andén. Unos pasos más y todo termina. Pero las botas apuran el andar y unos brazos verdes se extienden para alcanzarla.

Estela no opone resistencia, sabe que es inútil. Agradece haber tenido tiempo de dejar a su pequeño hijo en casa de sus padres.

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