Julián

Secco, Rodolfo

Siete meses y basta de ser hijo, los cambios que pueden producirse en la vida de una persona, aunque lo cierto es que para ser hijo, insisto, es muy poco y sobre todo por las formas que rodearon lo ocurrido. Por suerte, durante las noches revisaste cartas, hojas amarillas, diarios y la historia comenzó a reconstruirse. Seguro que son la extensión de tu escritura y sumado a ello, una información genética que da cuenta de padres maravillosos, de allí que el producto sea el poseedor de tantas virtudes, fundamentalmente tu ternura, honestidad y el compromiso con todo lo que hacés.

Claro que hay que embalsamar caricias, no podés desprenderte con facilidad de la tristeza que implican siete meses de hijo y NUNCA MÁS.