Obediencia de Vida

Ferrara, Oscar Vicente

Nueve y treinta de la mañana, te digo que yo hago la primera sinapsis a eso de las once; pero bueno, me ducho y te atiendo, sentate por ahí. El agua tibia lo relajó, no se afeitó, la barba de dos días le sentaba bien. El aroma de la colonia de baño lo inundaba todo. Traje gris claro, camisa celeste, corbata al tono, zapatos negros. Regreso luego de verificar, en un espejo, todos los detalles de su atuendo, el joven con la mochila seguía allí. Café, ofreció gentilmente, aceptó y fueron hasta una amplia cocina. Bebieron en silencio y casi sin mirarse. Usted sabe por qué vine, dijo el muchacho, el hombre asintió con la cabeza sin mirarlo. Bueno, no cree que ya es momento. Mientras recogía las tazas le dijo, no sé, si este será el preciso instante, pero, por alguna extraña circunstancia creo que ha llegado el día. Ayer cuando me llamaste, no pude adelantarte nada por lo delicado del tema, estas son cosas que no se develan telefónicamente. Fue así; el 30 de marzo de 1976, volví de Francia, el 3 de abril yo maté a tus padres, esas eran las órdenes. Caminó hacía una vitrina y extrajo una pistola 9mm, se la ofreció diciendo, tomá, hacé lo que tengas que hacer. Lloró todo el camino hasta llegar a su casa.