Comunicación telefónica

Amado, Abril

– Hola, ¿con quién hablo?

– No lo sé, dígame usted.

– ¿Cómo que no lo sabe?

– No, no lo sé, es preciso que alguien me lo diga.

– No mienta, mi humor no está para bromas.

– No miento, claramente estoy diciéndole la verdad.

– Por favor, necesito hablar con el señor Fernández, ¿está él ahí?

– No lo sé.

– Le dije que no estoy para bromas, por favor no me mienta más.

– Le digo que no le miento, le juro que no le miento.

El otro perdió la paciencia y cortó la comunicación telefónica. El señor Fernández se preguntó por qué razón nadie le creía. Los médicos le habían dicho que había perdido la memoria y por eso no podía recordar ni su nombre, ni el de sus parientes.