El día D

Alay, Andrés

El señor Smith se levanta exaltado de su cama, escucha unos ruidos muy extraños, decide acercarse a la ventana y observa la destrucción en las calles, las bombas que lanzan. Decide levantar a su esposa y a su hijo de la cama, terminan por dirigirse al refugio que se situaba en el subsuelo de la casa. Quedan alojados allí hasta que todo terminara. Ella pregunta preocupada:

– ¿Hasta cuando seguirá esto?

– Espero que termine lo más rápido posible- responde el señor Smith. Permanecieron un mes adentro del refugio.

– Ya todo terminó- exclamó el señor Smith a su familia. Se acercó y rápidamente abrió la puerta de acero.

Una vez afuera el señor Smith y su familia, observaron el paisaje de destrucción que les había dejado la guerra. Simplemente escombros y cadáveres tirados en el suelo. Se acercaron las cien familias que habían quedado vivas después del feroz ataque.

En ese preciso instante una nave pasó a una gran velocidad delante de ellos, terminó por aterrizar a unos trescientos metros de donde se encontraban. Smith y los sobrevivientes salieron corriendo a ver la nave, una vez allí encontraron la gran nave. La compuerta de la nave se abrió, salió un viejo alto, pelado de barba larga y vestido con una túnica blanca. Empezó a hablar por medio de telepatía:

– Hola, mi nombre es X y vengo de Neptuno. Los ayudaré a crear una nueva sociedad, también les traigo las curas para las enfermedades del cáncer y el sida.

Se quedó una semana ayudando a la población a construir casas. Al poco tiempo el ejército se enteró de la nave y del marciano que estaba ayudando a la población. Repentinamente aparecieron, lo tomaron y apuntaron en frente de la población.

Smith gritando les dijo:

– ¿Qué les hizo él a ustedes?

– Simplemente caer en nuestras tierras, despídete de tu vida anciano.

Al término de esas palabras dispararon y el viejo callo suavemente al piso sin reacción alguna. Smith enojado les dijo:

– ¡Idiotas! Tenía las curas para el sida y el cáncer, también iba a formar una mejor sociedad.

Los hombres empuñando sus armas le contestaron:

– La nueva sociedad somos nosotros.