El diez y el rey

García, Gonzalo

Todos los lunes, jugo de por medio, comentaban las anécdotas del fin de semana; como siempre Álvaro relataba el partido del domingo:

– Ayer jugué con el Diego, tiene la zurda intacta- comentaba con los ojos brillosos.

– Y Pelé jugaba para los contrarios, ¿no?- ironizaba José.

– Sí, si no era un afano. Diego me hacía acordar al ’86, se gambeteaba a todos y definía solo con el arco.

– ¡Álvaro!- gritaron desde el fondo-. Tomá los caramelos.

Cuando se hubo ido Pablo sentenció:

– Es un hipócrita

Por casualidad se encontraron el domingo siguiente Pablo y José y de soslayo vieron pasar como un tren a Álvaro. Lo siguieron para atraparlo en su mentira. Sin embargo, sus percepciones comenzaron a cambiar a medida que notaban que algunos guardias querían impedirles el paso; sortearon como pudieron todos los obstáculos y divisaron a lo lejos el verde césped. Con lágrimas en sus ojos distinguieron los rulos del 10 y la piel morena del rey.

– Fijate que Álvaro es un gigante al lado de esos dos.

Cuatro guardias vestidos de blanco los agarraron. José alcanzó a mirar las dos camisas que traían para ellos y le dijo a Pablo:

– Ha de ser importante el partido que nos traen camisa.