El único descendiente

Logambino, Cristian

30 de Octubre de 1960. Cuentan los que allí estuvieron que aquel día el cielo se abrió, y dejó entrever un rayo de sol a media noche. Allí estaba, luego de tantos vaivenes, de tantas aventuras, de tantos golpes y goles, la Madre de todos los balones. Entre sábanas rotas y de cama un colchón añejo, dejaba el grito en el cielo de un dolor casi atroz. Las lágrimas eran insostenibles. El escozor aún más.

Fue entonces cuando el de atuendo blanco decidió, bisturí en mano, emplear cesárea. El alivio fue inmediato, y más aún cuando aquel niño le sonrió. Era el único descendiente de una camada innumerable de balones de ese entonces.

– ¿Ha decidido, Madre de todos los balones, el nombre de su único y más predilecto descendiente?

– Si- contestó emocionada-. Lo llamaremos Diego, como su padre. Diego Armando.