Fantasía de un inconsciente niño

Gil Michelena, Eduardo Jorge

La señorita Ana (mi maestra), me invitó a cenar esta noche en su casa. Yo no pude negarme. Ella me cautiva con sus rizos rubios, sus ojos celestes y, más aún con sus seños que cuando se inclinan hacia mi se me ocurren más sabrosos que los de mamá. Juro que luego de la cena cometeré mi primer acto infiel. También juro que luego no me delataré y seguiré escribiendo en mi cuaderno “Mi mamá me ama” y “Yo amo a mi mamá”.