Hay que disfrutar…

Navarro, Melisa Laura

Leonel con sus seis años amaba el mundo del circo y siempre esperaba el último acto, que eran los trapecistas, el cual promocionaban –los medios- con gran peligrosidad y riesgo de vida.

Cada vez que llegaba ese momento Leonel recuerda que le transpiraban las manos, sentía miedo de que los trapecistas se cayeran: “Esperaba el momento, pero a la vez no; era el acto que más me gustaba, pero el que me ponía más nervioso”, cuenta de su infancia, del circo- lugar que lo hacía tan feliz-.

La ilusión con la que iba a ver su show favorito un día se rompió. Con sus manos mojadas y sus uñas mordidas por los nervios, pasó lo esperado: uno de los trapecistas se resbaló del trapecio, y esos cinco segundos de su vida Leonel no se los va a olvidar más, mirando a su padre a la derecha y a su madre a la izquierda, el niño de seis años los miraba sorprendido, al ver que el trapecista nunca iba a correr riesgo de vida, ya que colgaba de un cable que lo sostenía de su cadera.

La última vez que Leonel fue al circo, sus nervios fueron sólo pasado. Disfrutó del show…