La caja

Tiscornia, María Sol

Como era domingo y los dejaban jugar hasta tarde, Lucas insinuó a Juan que había que poner en marcha el plan.

La cosa era así: tenían que entrar por la puerta de atrás, ir muy despacio hasta el dormitorio, abrir el ropero y sacar la caja. Nada podía salir mal. Desde que escucharon la historia, los chicos no pararon de pensar en eso.

Había llegado el día. Juan hizo una seña y juntos entraron a la casa caminando en puntas de pie.

Cuando llegaron al ropero, Lucas abrió rápidamente la puerta y sacó el preciado tesoro. Ansiosos, lo llevaron hasta el patio. Las cuatro manos destaparon inmediatamente la caja.

Se quedaron unos momentos mirando el interior desconcertados. Era decepción, enojo y humillación lo que sentían. Su primo Marcos los habían engañado: no había ningún ogro feroz adentro, sólo fotos viejas.