Los cinco Dioses

Logambino, Cristian

Y se reunieron, entonces, los Dioses del quinto cielo a definir las plegarias de los súbditos. Entre copas y risas alguien sugirió: “¡Definamos y acabemos con la risa del que miente!”. Siete versos sin sentido, hasta que el octavo acabó con las risas y volcó insulso el sabor del licor: Será, así, un mundo de verdades inobjetables, con calamidades que multiplican el tamaño de una mentira.

Entonces se puso de pie, asediado, el cuarto Dios, y con los ojos mojados (diremos, luego, hinchados) exclamó: “Dejad de levantar impune el grito de los hijos del Señor, pues Él los creó libres de elegir el camino, y ellos serán libres de escoger su muerte…”

Uno a uno se levantaron los Dioses y dejaron la habitación vacía. Aceptaron resignados. La mentira seguirá latente, y el juez del planeta será, sin pena ni gloria, un artífice más de las mentiras dentro y fuera del campo.

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