Salimos, dijo Pachaco

Marchesini, Mauro Alejandro

Iban casi 20 minutos de aquel intenso segundo tiempo. Teníamos casi todo controlado en aquella canchita: un ajustado triunfo, dominio territorial y psicológico y tres botellas de cerveza menos que el rival. La sensación era que si el reloj no se tardaba más de un minuto en recorrer 60 segundos, el trofeo, con destino de parilla, era nuestro.

En la última jugada, el 6 contrario lanzó un pelotazo largo. La pelota dio un pique en nuestra área, quedando más cerca de Pachaco (nuestro 2) que del 9 rival. Respiré aliviado. Imaginé la pelota colgándose en una nube mientras sonaba el pitido final.

Pachaco tomó aire y exclamó a toda voz: ¡Salimos, carajo! El balón se clavó en al ángulo de nuestro arco. La desazón fue terrible. Y peor aún cuando el árbitro decidió que aquel gol en contra valiera por dos, alegando “humor agravado”.

Nadie le recriminó nada a Pachaco. Después de todo, vino porque faltaba uno. Era el 1er. aniversario de su muerte.