Un susto de remedio

Guazzaroni, Martín

Corría un cardo ruso por La Pampa desértica, no pasaba nadie por esa carretera. Hacía calor y el bar estaba todavía abierto, a pesar de ser las tres de la mañana. Un borracho se levanta de su silla, balbuceando y con hipo le pide al mozo, que se encontraba en la larga barra ya gastada por los años:

– Quiero un vasito de agua.

A lo que el mozo rápidamente se agacha, abre un pequeño cajón, saca un revólver calibre 32 y lo apoya en la transpirada frente del viejo ebrio. Un momento de silencio y tensión ronda por el bar, cuando el cliente cierra el puño de su mano izquierda, levanta el pulgar y le sonríe, como dándole las gracias. Todos se miran, nadie entiende, hasta que el borracho comenta:

– Este mozo me curo el hipo, si llego así a mi casa mi mujer me manda a dormir afuera.