Aire de potrero

Francka, Camilo

Cómo olvidarse de aquellas canchitas de tierra, donde todos los pibes del barrio se juntaban a jugar los picaditos, de lunes a lunes. Porque para el potrero no hay feriados. Cuantas tardes entregadas a este gran amor que los acompañará hasta el final de sus vidas. Viene uno, viene el otro, barrio contra barrio, por el honor o por la Coca y los sándwiches, siempre hay un buen motivo para que haya acción. La simple receta se compone por cuatro buzos que hagan de arcos (claro, cuando hay viento y llueve los “palos” se vienen abajo) y algo que oficie de balón.

El potrero está abierto para todos: el gordito que va al arco porque no le queda otra, el flaco zurdo que la pisa de un lado al otro sin que nadie se la pueda sacar, el que se queda arriba y no baja nunca, el que fue mandado por la vieja a hacer las compras pero en el camino se tentó y se metió a jugar, el panadero en bicicleta que por un momento olvida su trabajo y se prende, el albañil de la obra en construcción que acaba de salir del laburo… En fin, nadie se queda afuera. Y el fulbo gira y gira al ritmo de la pasión que despierta el deporte más lindo del mundo. Día, tarde y noche. Sin cesar.

Acá no existe otra motivación que ganar para cargar a los amigos, en el folklore del fútbol bien entendido. Acá no hay barrabravas, ni representantes, ni dobles intenciones. Acá se vive el fútbol en su máxima expresión. En realidad, se juega a la pelota, no al fútbol. Porque el fútbol se murió cuando apareció la plata y los intereses económicos de un grupo que quiso y quiere vivir a costillas de lo que despierta este deporte en el grueso de la sociedad argentina.

Alguna vez, en algún potrero de Villa Fiorito, se forjó el mejor jugador que tuvo y tendrá el mundo de la redonda. Y la lista sigue hasta la infinidad. Podría decirse que no hay mejores divisiones inferiores que las que se hacen en esas canchas bacheadas, de pozos profundos. Donde juegan, verdaderamente, por amor al arte. Gracias a todos los potreros del país por haberle dado tanto a esto que es tan lindo… gracias por ser genuino al 100%.

En los tiempos que corren, donde el slogan del Estado y de la AFA (“Fútbol para todos”) es solo una simple frase chabacana, resulta productivo recordar que el verdadero fútbol para todos se ve en el potrero, porque ninguno es excluido. El aire de potrero, confeccionado por suela, tierra y pierna fuerte pero leal, aún rige en los confines. Y eso es bueno, aunque algunos quieran matarlo…

En lo personal, quiero seguir creyendo que los potreros existen. Los futboleros deberíamos rendirles pleitesías.

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