Ese cuervo

Luzardi, Roberto

Era cuervo ese hijo de p…, pero no hincha de San Lorenzo. Era cuervo de verdad. Un picapleitos resentido. Una sola vez se puso la camiseta del club, cuando se la robó al gangosito en el vestuario y se escondió en el baño de damas. Hasta que el árbitro avisó “falta uno”, entonces dijo “acá estoy”, y empezó el partido con el gangosito en el banco.

La Comisión Directiva lo había contratado porque no tenía alternativa: era el único abogado del pueblo. Le encargó la cobranza de un festival de doma y folklore impago que organizó el Ulpiano en la cancha del club. El Cuervo se vendió y arregló con el paisano. Un día cayó el cuervo con el oficio de la justicia. Se querían llevar todo.

Cuando estaban cargando uno de los arcos en el camión azul, fuimos en patota y colgamos al traidor en el otro arco cabeza abajo. Desde aquella fecha uno de los arcos lo armamos con bolsos, el otro sigue en pie en honor a la Justicia, y los árbitros piensan un rato antes de cobrar en contra: nuestro capitán les señala el arco.