La rabona

Alcazar, Sergio

Tincho era partidario de hacer siempre un firulete de mas, en la cancha se esforzaba por impresionar a todos con alguna jugada que provocara un gesto de admiración en la gente, lo llenaba de profunda felicidad ese contacto inusual que había conseguido entablar con la pelota, dentro de su cuidado arsenal de virtudes futboleras, la rabona era sin lugar a dudas, su especialidad.

La realizaba con una naturalidad tal, que era común verlo tirarla tanto dentro de su área como cerca del arco contrario, era una característica que lo diferenciaba del resto, conviene decirlo, esto le causo mas de un dolor de cabeza, debido a las reprimendas recibidas por los técnicos de turno que entendían que ese lujo no aportaba demasiado para conseguir una victoria.

Pero lejos de amilanarse, se agrandaba y lo motivaba a seguir intentándola sin importarle demasiado sus consecuencias, lo cual era bien recibido por las multitudes que solían juntarse en las canchas en donde daba sus conciertos de gran malabarista.

Era todo un acontecimiento para la humilde barriada de Saladillo estar presente cuando jugaba, desde temprano, los domingos cuando había torneo, era incesante el peregrinar de vecinos hacia el potrero lindante a las vías del ferrocarril.

Así fueron sucediéndose sus hazañas, semana tras semana, partido tras partido, con Tincho siendo exclusivo protagonista, principal responsable de los suspiros que por doquier se generaban debido a las acrobacias que regalaba con una facilidad increíble, todos esperaban las rabonas, la mejor parte de su repertorio y mas de uno en un exceso de simpatía por esa habilidad se animo a compararlo con el Bichi Borghi que por ese momento la rompía en el bicho de la Paternal y que tenia a ese gesto técnico como sello distintivo de su juego.

Pero la vida le tenia preparada una artera trampa a sus traviesas cabriolas, un buen día “el sargento” Barbieri se hizo cargo del equipo en donde jugaba, hacia honor a su apodo por la rectitud que intentaba imponer entre sus dirigidos, para el DT de los “Guerreros del Parque” el futbol era tan importante como las notas que sacaban sus jugadores en la Escuela.

Tales nuevas imposiciones fueron un problema para Tincho, un atorrante sin cura. tanto en la cancha como en la escuela, lugar en el mundo que no le agradaba demasiado, al cual solo asistía más que nada por darle el gusto a su vieja y para evitarle una gran amargura.

Las diferencias con el entrenador se convirtieron en insalvables, su libreta de calificaciones, un castigo, pero lo que en realidad condenaba a Tincho eran sus inasistencias a clases, las que siempre trataba de justificar con impensadas razones.

Una tarde a Barbieri le llegaron rumores sobre sus continuas fugas del colegio y decidió darle un ejemplar escarmiento, no lo tuvo en cuenta para el partido contra los temibles “Leones de Tablada”, en la final del campeonato, en disputa la gloria o el destierro, un verdadero clásico para populosa zona sur de Rosario, ese cotejo lo encontró ausente, los caprichos del destino trabajan de manera muy misteriosa y grande su mala suerte, sino como entender lo que le sucedió, que justo a el, al que tan bien le salía, lo vino a dejar afuera “la rabona”.