Mi viejo calzaba 44

Berruezo, Alfredo

Te cuento que esto es casi una confesión. Bah, sin el casi. Me llamo Alfredo, tengo 65 años, nací en 21 de enero de 1944 y soy del Barrio de LA PATERNAL.

Sé que Eduardo Lazzari diría de Villa Mitre porque nací en Nicasio Oroño al 1500, en el 1574 para ser más exacto. Pero yo soy de LA PATERNAL. Ser de La Paternal es un orgullo y haber parado en Avda. San Martín y Juan B. Justo en la esquina de la gomería, ahora esta Banco Santander Río, el orgullo se multiplica por dos y para seguir subiendo en la autoestima era socio del Club La Paternal, el de Fragata Sarmiento. Sabes una cosa todo este prologo ya lo mencioné antes en algún momento y no quiero aburrirte dándote detalles de mis sentimientos futboleros pero no puedo evitar decirlo SOY GALLINA, muy gallina y orgulloso de serlo.

Cuando era pendex andaba bastante bien, era 9 y la verdad la metía seguido, siempre me seguían a todos lados mi viejo y mis hermanos. Obviamente del fútbol oficial sólo jugué en las inferiores de Argentinos, por ser del barrio y tener algunos conocidos de la Parroquia Nuestra Señora de la Consolata, la de Donato Alvares y San Blas, que tenían cierta influencia con los directivos de los bichitos colorados.

Mi viejo era como un hermano más, lo apodaban Vasco o Grandulo. Nos llevaba a los tres a ver todos los deportes que te puedas imaginar, obvio fútbol, basquetbol, box, maratón de los barrios, polo, pato, ciclismo, motociclismo, automovilismo, si empiezo a dar detalles creo que tengo para contar mas que Borocotó, ojo el padre, no el salame que se vendió a los K. Carito el tío, pero se vendió.

Y mis hermanos, Huevo, el que todos creían que su apodo se debía a los ojos grandes que tenía y no era precisamente por eso, y Cambón, que debía su sobrenombre al quinto de los Cinco Grandes del Buen Humor, Jorge Luz, Rafael Carret, Zelmar Gueñol, Guillermo Rico y Juan Carlos Cambón. Era flaquito mi hermano menor.

Como decía, deportivamente siempre los cuatros juntos y a todos lados. Corría el año 1962, yo con 18, trabajando en el Boston y por supuesto participando del campeonato de la Asociación Bancaria Argentina de Deportes, en ese momento jugando en tercera.

¡Mamita! Teníamos un equipo espectacular, la verdad la rompíamos. Les digo que en 1964 ya estábamos en primera jugando con los grandes de la Asociación. No nombro a mis compañeros porque si me llego a olvidar de alguno me sentiría muy mal.

El torneo de tercera tenía más participantes que la Maratón de Nueva York, equipo de banco que empezaba, pum, a tercera. Es por ello que estaba dividido en zonas, ganamos la nuestra por muerte, robo y escándalo. De ahí a las semifinales en la canchita que estaba en el medio del mercado Dorrego, Club Fénix. Ganamos los tres partidos, a Banco Buenos Aires, al Tornquist y al Hogar Argentino, los bailamos tanto que vean, dejaron de existir hasta como bancos.

La final en la cancha de Ferro, contra Nuevo Banco Italiano, por un solo ascenso. Italiano, según mentas, venía bárbaro también. Tenía un 9 tipo Tanque Muller, Alemania 1974, que decían las metía todas. Estábamos en el vestuario, cambiándonos para jugar y el Tano Federico- ¡qué ocho, la tenía atada, la traía desde nuestra área y nos la dejaba mansita a los delanteros! Ojo, era ocho, nada de carrilero por derecha, mediocampista, nada de eso. Era ocho tipo Eliseo Prado, Juan José López, etc.-, comienza su discurso: “Muchachos, si hoy no ganamos, todo lo bueno que hicimos durante el año se nos va a la mierda. Hoy tenemos que ganar o ganar, tenemos que dejar alma y vida en la cancha. Tenemos que asegurarnos de estar 10 puntos físicamente. Yo traje esto…”. Nos mostró unas pastillitas que dijo que teníamos que tomar dos cada uno. Obvio el que quería. No quedó ni una, hasta creo que faltaron algunas ya que la demanda era mayor que la oferta.

Como siempre, mis viejos y mis hermanos en la tribuna. Te la hago cortita, fuimos una verdadera máquina, otra que la de River. Ganamos 3 a 1. Te comento que éramos aviones, el Pulqui Segundo al lado nuestro era como si estuviese parado. Volábamos. A los defensores que se me apareaban en carrera los miraba como con lástima. Sabía que le sacaba dos metros en cinco de carrera. El once nuestro cuando término el partido cayó extenuado.

Como siempre, lo importante era el comentario de mi viejo. Le pregunto: “¿Y viejo, qué te pareció?”. El viejo no se perdía una, me dijo: “Bien, pero me sorprendió mucho como corrieron”. Y pisé el palito: “¿Y también con lo que tomamos?”. Mi viejo, calzaba 44. ¡Querés creer que todavía lo estoy sintiendo…!