Sin versus

Lunideas

Voló como lo hizo la primera vez. La presencia de la hinchada no era más que las manos de su padre entregándole el balón verde, aquel balón de sus pinitos, de sus risas, de los ansiados juegos en familia. Su mágico balón.

Sin goles, sin espacios, sus pies vibraban junto al césped con mayor destreza, mientras su alma amanecía, al palmo de la brisa, una vez más. Era el juego. Su juego. Libertad.