Aquelarre al anochecer

Iguina, Margarita

¡Agorera, aléjate ¡Alcina andrajosa, arrepiéntete! Argumentaba altisonante aquel arconte ateniense.

Alexia Andreatus, admirable alquimista aquea, agobiada ante apelativos abominables, accedió alzar alas atajando aguas atlánticas, amedrentada ante advertencias amenazantes.

Al anochecer, al abordar avión, astutamente arrojó aullidos afilados, acribillando a alguaciles. Al alejarse alzando alas agentes ardían apretujados, alarmadamente aniquilados.