La aldeana

Salguero, María Aurora

Astuta, ardiente y ardorosa acariciaba la alta cima abrazada por la altura. A la vista ancha, por la ansiedad sumaban las aullantes aves animadas, que alaban con alarmante amor al avistar. A lo lejos la apabullante algarabía de animales del cerro arremetía contra la cuesta arriba de la amplitud. Así, alegre acariciaba la abeja ágil que tocaba aquí y allá los altos arbustos. Al acercarse a la orilla arcillosa, las rocas aceleraban la arremetida hacia abajo. Allí, la aldeana amaba las llamas que le daban sus amos.