Inmigrantes

Nasello, Patricia

Impecable en su ropa vieja, observa con calma aparente el horizonte: el barco se distingue con claridad, viejo y feo.

Aunque aún no se reconocen los rostros se ve gente sobre cubierta. En esa mancha informe hay dos que ha extrañado hasta el desgarro y son su gran amor, su desvelo, sus tres años de trabajo sin pausa. Tres años en los que el único gasto superfluo que ha hecho es esa rosa que sostiene para su Rosa.

Para su pequeña podría comprar un juguete, cualquier golosina, tiene tiempo.

Una fuerza sobrehumana lo mantiene clavado al piso.

Se le inundan de mar los ojos.

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