Rezo equivocado

Baldessari, Adriana

Tenía tanto miedo de que algún día me faltaras, que todas las noches pedía: Señor, que mi Papá no se muera hasta que yo tenga un hijo. Pensaba que sólo un hijo podría llenar tu ausencia.

Éramos amigos, compañeros, discípula y maestro. Dialogábamos horas a la luz de tu espiritualidad. Siempre juntos. Con mis crayones jugaba siguiendo tu trazo genial que ilustró más de seis mil libros. Tu herencia. Mi orgullo.

Disfrutaste de tu nieta dos meses. Tu corazón estalló de amor.

La amamanté llorando junto a tu féretro. Ella te admira. Cumplió veinticuatro.