Carta al Negro

Mancilla, Eduardo

Viernes 26 de Julio de 2007

Hola Negro:
Hace una semana que te fuiste de viaje y aprovecho para escribirte unas líneas. Como no fuimos amigos, a pesar de que te conocía mucho y vos a mi nada, aprovecho la impunidad del anonimato para declararme “amigo tuyo para siempre”, total, ¡ahora no vas a decir que no…!
Te comento que la ciudad está vacía, solitaria, triste, aplastada, es como que perdió el alma, o algo así, no te puedo explicar bien pero tal vez sea una sensación mía, ahora entiendo el dicho ese que dice: “brilla por su ausencia…” y por ahí sí, puedo decir que está sin luz, ¡y nada que ver con la crisis energética eh…! Hablo de una luz superior, esa que irradia calor y color humano.
Negro, ahora que somos amigos, quería pedirte prestado a Mendieta para cruzarlo con mi perrita Lola, es una cocker divina, rubia, buenita, sabes qué, haríamos mucha guita con la cría. Bueno, pensalo y después me decís.
Desde que te fuiste no hago más que leer y releer tus cuentos, como una compulsión y me doy cuenta de que estoy en todos, estamos en todos, porque vos nos dibujabas en ellos, ¿cómo no sentirme identificado?
El viernes pasado venía manejando por Corrientes y Pasco, eran las siete de la tarde y escuchaba Continental, cuando aparecieron el turco Whebe, Alejandro Apo y Víctor Hugo diciendo unas cosas increíblemente bellas y sensibles sobre vos, no pude más que detener el coche en la mano izquierda y dejar fluir el llanto, te juro que llovían los bocinazos y las puteadas, pero me las banqué como un macho, de todas maneras Corrientes es ancha por ahí y había lugar para todos.
Bueno Negrito, no te quiero aburrir más con mis cosas, si bien abusé un poco con nuestra nueva amistad, necesitaba decirte esto, creéme que lo necesitaba. ¡De más está decir que siempre te perdoné que seas canayón…! Aunque no viene al caso.
Te dejo un abrazo de gol, como dice el mariscal Perfumo.
Tu nuevo amigo, Eduardo Mancilla.

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