El abad

Neri, Carlos Alfredo

El abad le daba las instrucciones matutinas a los hermanos encargados de la cocina del viejo monasterio mientras observaba la limpieza de los elementos. Cada cosa tenía un lugar destacado. El arroz (con una zorra dibujada en la bolsa de arpillera) era abundante y se destacaba del resto de los comestibles.
De pronto el anciano vio como una rata parecía atar su propia cola en una trampa oculta detrás de unos toneles. Él sabía que, quien orienta acude y educa antes que enojarse, por eso, calmo, sólo dijo: “la semana próxima deberán tener un terrier y ningún ratón, sírvanse notar la diferencia”.