Gula

Nasello, Patricia

Hallé la lámina entre una pila de papeles que llevaba a la basura. Al principio me hizo gracia observar el trabajo que se había tomado el artista para dar ese aire etéreo a algo que no es más que un animal, luego me abrió el apetito. Burlar la seguridad del zoológico fue sencillo. Comencé a hincarle el diente en el primer rincón tranquilo que encontré, emitió unos pocos sonidos bajos y luego calló para siempre.
Habría despachado poco más de un cuarto de su peso cuando el pozo de mi hambre, que a veces pienso sin fondo, se hallaba de momento satisfecho.
Lo comprobé aquella noche, los cisnes no son mudos y su carne es exquisita.

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