El primer huerto

Robles Miras, Salvador

Como la pobreza se había abatido sobre ellos, no les quedó más remedio que plantar un huerto con sus propias manos. Después, vino el jardín y todo lo demás: un chalé con piscina, un par de coches, tres motocicletas, un piso en París, una barca de recreo, varias parcelas de garaje… Cosas sin importancia. Lo mejor quedó atrás, plantado en el primer huerto: la ilusión.

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