Seducción

Roland, María Enriqueta

Se la veía muy seria, pero con aires de mujer que se las sabe todas.
Era una mina con oficio y experiencia.
Él, justo lo que ella esperaba. Un pobre muchachito sin mucha calle.
Fue tejiendo, como araña ante su presa, todos los ingredientes para volverlo loco.
Sus caderas se veían netas, insinuantes bajo el vestido de satén negro.
Un gran escote que dejaba ver mucho de lo que tenía para ofrecer.
Fue fácil hacerlo suyo.
Pasión sin freno, sin tabúes ni reparos de ningún tipo.
Poco después le cortó todo. Él enloqueció.
– Quiero ser  una mujer casada.
La boda como ella quería. Vestido blanco con cola.
Apareció muerta así vestida.
No fue su casi marido, ni un viejo amante.
Sólo una madre que quiso proteger a su hijo.

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